El aumento de agresiones de hijos hacia sus progenitores refleja un fenómeno complejo que requiere prevención e intervención temprana
La violencia filio-parental ha pasado de ser una realidad poco visible a consolidarse como un fenómeno con creciente presencia social y, especialmente, judicial. Su reconocimiento reciente ha permitido entender que no se trata de situaciones aisladas, sino de dinámicas que afectan a un número significativo de familias y que presentan una elevada complejidad en su abordaje.
Los hechos conocidos en los últimos días en la provincia de Salta reflejan con claridad esta realidad. En un corto periodo de tiempo se han producido diversas intervenciones judiciales vinculadas a agresiones de hijos hacia sus progenitores, caracterizadas por la reiteración de conductas, el incumplimiento de medidas previas y la persistencia del conflicto. Las resoluciones adoptadas, que incluyen tanto medidas restrictivas como privativas de libertad, evidencian que en estos casos la convivencia familiar ya se encuentra gravemente deteriorada.
Uno de los elementos más relevantes es la ausencia de un perfil único. Aunque en algunos supuestos aparece el consumo de sustancias, este no constituye un factor constante ni suficiente para explicar el fenómeno. Asimismo, estos comportamientos se producen en contextos familiares diversos, incluidos aquellos que no presentaban indicadores previos de conflictividad significativa, lo que dificulta su detección temprana.
Desde una perspectiva dinámica, la violencia filio-parental no responde a episodios aislados, sino a procesos progresivos. Las conductas iniciales, a menudo minimizadas, evolucionan hacia formas más graves de confrontación, incluyendo amenazas, agresiones y desobediencia reiterada de resoluciones judiciales. Cuando la intervención se produce en este estadio, la respuesta deja de ser preventiva y adquiere un carácter esencialmente reactivo.
La intervención judicial actúa así como mecanismo de contención ante situaciones que han superado la capacidad de gestión del entorno familiar. Sin embargo, su eficacia es necesariamente limitada si no va acompañada de actuaciones previas que permitan identificar e intervenir en fases iniciales del conflicto.
La violencia filio-parental plantea, por tanto, un problema de especial relevancia jurídica y social, que exige ser abordado como un proceso complejo, con múltiples factores concurrentes y sin soluciones únicas. Su creciente presencia en el ámbito judicial no solo refleja su gravedad, sino también la necesidad de desarrollar estrategias de intervención más tempranas y ajustadas a la naturaleza del fenómeno
Lee el artículo de Laura Alvarez Chamale en el medio digital El Tribuno
