La relación entre el uso inadecuado de las tecnologías digitales y el aumento de la violencia filio-parental
La relación entre el uso inadecuado de las tecnologías digitales y el aumento de la violencia filio-parental es hoy una de las líneas de análisis más relevantes en el estudio de las dinámicas familiares contemporáneas. En los últimos días, varios medios de comunicación han puesto el foco, a partir del trabajo de Elisa González-Pérez, en cómo el uso problemático de las TIC puede influir en este tipo de violencia.
La tesis doctoral de González-Pérez, la primera defendida en el programa de Doctorado en Educación y Tecnología del Grupo Educativo, una investigación de CEF.- UDIMA, nace de su experiencia profesional directa con menores implicados en violencia filio-parental y se centra en el análisis de un fenómeno complejo, escasamente investigado y habitualmente invisibilizado tanto en el ámbito científico como en el social.
En la actualidad existe un elemento que cada vez aparece con más frecuencia en los casos de violencia filio-parental: el uso inadecuado de la tecnología. El trabajo de Elisa González-Pérez, integrante del grupo de investigación Psico-Edu-Tec y coautora del estudio «Incidencia de la tecnología en la violencia filio-parental», publicado en la Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, analiza cómo el empleo compulsivo de dispositivos, redes sociales o videojuegos puede convertirse en un factor de riesgo añadido en la adolescencia.
Adolescentes, pantallas y conflicto en casa: lo que muestra la evidencia
El estudio señala que el uso compulsivo de móviles, redes sociales y videojuegos no explica por sí solo la violencia filio-parental, pero sí puede intensificar conflictos preexistentes. Las tensiones suelen aflorar cuando los progenitores intentan supervisar dispositivos o establecer límites, momentos en los que algunos adolescentes reaccionan con impulsividad, desregulación emocional o conductas coercitivas. Las discusiones vinculadas al móvil, los videojuegos o el tiempo de conexión aparecen de manera reiterada como detonantes de episodios violentos en los estudios empíricos realizados con adolescentes sometidos a medidas judiciales.
Este patrón aparece en un contexto en el que la Fiscalía General ya alertó de un incremento notable de casos en España, muchos de ellos asociados a disputas por el tiempo de conexión. La OMS, por su parte, considera el uso problemático de las TIC un asunto de salud pública, especialmente tras la pandemia, que multiplicó las horas frente a la pantalla y elevó la vulnerabilidad emocional de muchos jóvenes. La investigación pone también de relieve la falta de normas claras en el hogar, la sensación de desbordamiento parental y la escasez de instrumentos de evaluación que permitan analizar de forma integral la relación entre tecnología y violencia filio-parental.
Un reto que también se vive en las aulas
Desde la UDIMA se recoge una preocupación creciente entre docentes de secundaria y universidad: la falta de formación específica para educar en hábitos digitales saludables. El profesorado observa problemas de autocontrol, impulsividad y conflictos familiares asociados al uso de móviles y redes sociales, lo que ha llevado a reclamar estrategias coordinadas entre centros educativos, familias y servicios especializados. Además, la investigación introduce una perspectiva de género, identificando patrones diferenciados de uso tecnológico entre chicos y chicas que requieren intervenciones preventivas ajustadas.
Tecnología como amplificador, no como causa
El uso disfuncional de la tecnología potencia dificultades emocionales preexistentes, especialmente en adolescentes con baja tolerancia a la frustración o inmersos en dinámicas familiares tensas. La tecnología, en estos casos, actúa como un acelerador de respuestas reactivas, facilitando estallidos de violencia ante la imposición de normas o intentos de supervisión parental.
Lejos de demonizar las TIC, la investigación señala la educomunicación como vía preventiva clave, apostando por la formación de adolescentes, familias y docentes en un uso crítico, regulado y consciente de la tecnología, basado en el acompañamiento adulto y la coherencia normativa.
Un fenómeno que requiere respuestas inmediatas desde todos los ámbitos: educativo, social, clínico y jurídico.
Un punto de inflexión
La evidencia disponible permite extraer algunas conclusiones claras. La tecnología no es la causa única de la violencia filio-parental, pero sí un catalizador poderoso cuando existe vulnerabilidad previa. La intervención debe ser interdisciplinar, combinando herramientas educativas, psicológicas y sociales que acompañen tanto a los adolescentes como a sus familias. Y resulta urgente seguir visibilizando este fenómeno para que más padres y madres puedan pedir ayuda sin culpa ni vergüenza.
La tesis de Elisa González-Pérez supone un avance significativo para comprender cómo los hábitos digitales se entrelazan con la violencia filio-parental y ofrece una base científica sólida para orientar políticas públicas, programas preventivos e intervenciones especializadas.
Desde SEVIFIP, celebramos investigaciones que arrojan claridad sobre estas nuevas realidades y que permiten orientar políticas públicas, programas preventivos y estrategias de intervención basadas en la evidencia.
Fuentes:
«¿El uso inadecuado de la tecnología puede desatar la violencia de los hijos hacia sus padres?»
«Violencia filio-parental y tecnologías digitales: un riesgo creciente»
«Los docentes reclaman «formación urgente» para educar en hábitos digitales saludables»
Más información en «Estudio sobre el uso inadecuado de la tecnología en adolescentes y su relación con la violencia filio-parental»
