Un caso que abre el debate

Un testimonio abre una reflexión sobre salud mental, límites, recursos de intervención y acompañamiento familiar

Hay situaciones familiares que no pueden explicarse con una sola palabra. Ni con un diagnóstico. Ni con una falta de límites. Ni con una respuesta judicial aislada.

La violencia filio-parental suele construirse a lo largo del tiempo, en una combinación compleja de dificultades emocionales, problemas de convivencia, sufrimiento familiar, límites desbordados, recursos insuficientes y decisiones que llegan cuando la familia ya no puede más.

El caso muestra con especial crudeza esa complejidad: una madre relata el proceso vivido junto a su marido ante una situación de agresividad progresiva de su hija, marcada por dificultades escolares, problemas de salud mental, consumo, huidas del domicilio, ingresos hospitalarios y episodios de violencia en el hogar.

Más allá del impacto del testimonio, el caso permite abrir preguntas esenciales para quienes trabajan en violencia filio-parental:

  • ¿En qué momento una dificultad de convivencia se convierte en una dinámica de violencia?
  • ¿Qué recursos tienen las familias antes de llegar al límite?
  • ¿Cómo se coordinan los ámbitos educativo, psicosocial, clínico y judicial?
  • ¿Qué papel tienen los límites, la salud mental, el vínculo y la protección de todos los miembros de la familia?

La publicación también incorpora la mirada de Pau Gamell, coordinador del Grup Educatiu Girona, quien subraya que estas situaciones suelen avanzar de forma gradual y que, tras la pandemia, se ha observado una mayor presencia de problemáticas vinculadas a la salud mental en jóvenes atendidos por violencia filio-parental.

En Cataluña la violencia filio-parental representó el 6,15 % de los casos de Justicia Juvenil en 2023, el 5,64 % en 2024 y el 5,60 % en 2025.

Desde SEVIFIP consideramos necesario seguir generando conocimiento riguroso sobre estas realidades. La violencia filio-parental no puede abordarse desde explicaciones simples ni desde respuestas fragmentadas. Requiere prevención, detección temprana, intervención especializada y coordinación entre sistemas. También exige una mirada profesional capaz de sostener la complejidad: proteger a los progenitores, comprender el malestar adolescente, intervenir sobre la conducta violenta y trabajar para reconstruir, cuando sea posible, los vínculos familiares.

🔗 Lee el artículo completo «Madre de una hija agresiva con sus padres: Era una bomba de relojería que no sabíamos cómo tratar» publicado en La Vanguardia

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