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Cuando tu hijo es tu verdugo: el infierno de decenas de hogares vascos

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"Déjame en paz, puta". Todo comienza con un fuerte insulto en el transcurso de una discusión más que acalorada. Entre enfadada y descolocada, la madre decide dejar correr el episodio. Calla. Pero no tarda en volver a ocurrir. "Como no me dejes salir, te mato". Y una vez más, sólo que en esta ocasión la amenaza va acompañada de aquel marquito de la primera comunión hecho añicos en el suelo. Sorbiéndose las lágrimas, la madre recoge los cristales que se clavan sobre la foto de aquella criatura angelical ahora convertida en su peor pesadilla. "No volverá a pasar", se intenta convencer entre sollozos. Pero la siguiente vez es un empujón. Una bofetada. Un puñetazo. Y el drama ahora se acaba dibujando en forma de cardenal en el ojo izquierdo, miedo y culpa. Puede parecer dramático, pero el drama se repite cada vez con mayor frecuencia en los hogares vascos. Tanto que los expertos alertan de un aumento "espectacular" en los casos de violencia filioparental, un fenómeno que no entiende de clases sociales ni edades, aunque es durante la adolescencia cuando estallan los episodios más graves.

"Es un problema que tiene solución", tranquiliza Roberto Pereira, director del Centro de Intervención y Formación en violencia filio-parental Euskarri de Bilbao. El experto, que trabaja con familias cuando los casos van camino de convertirse en incontrolables, define la violencia filio-parental "como las conductas reiteradas de agresiones tanto físicas como psicológicas hacia los progenitores o los adultos que ocupan su lugar". Y es que, según Pereira, el blanco de la violencia puede llegar a trascender al padre o a la madre y la sufren en sus propias carnes tutores y monitores en pisos tutelados. También los abuelos. "El maltrato a personas de tercera edad es un fenómeno oculto, pero que también se da", sostiene el especialista, que no duda en calificar de "espectacular" el aumento en el número de casos que se registran en los últimos tiempos. Según datos del Gobierno vasco, la Ertzaintza registra casi 400 denuncias cada año por agresiones de hijos a padres y otras fuentes oficiales van, incluso, más allá. Sólo en 2013 se produjeron 486 casos en Euskadi que fueron atendidos por forenses, según la memoria del Instituto Vasco de Medicina Legal.

 "La violencia filio-parental es un fenómeno que ha aumentado de forma espectacular"

 

 

 

Con todo, tras la sorprendente cifra, todavía se pueden esconder muchos casos más que permanecen en la sombra del hogar. "No es fácil, como en cualquier tipo de violencia intrafamiliar, conocer exactamente cuál es su prevalencia real", reconoce Pereira. "Estos datos son de denuncias, cuando los padres han llegado al límite de denunciar a su hijo, que como es fácil suponer, no resulta nada sencillo", abunda. Y es que todos los expertos coinciden a la hora de asegurar que este tipo de violencia va "en escalada". Un insulto, que pasa a una amenaza, que lleva a romper cosas y que termina con violencia física. "Cuando se ha denunciado ya han pasado unos cuantos años", asegura el responsable de Euskarri.

Es complicado dilucidar cuál es el mecanismo es el que hace que aquel crío normal, incluso cariñoso, que no hace tanto no se despegaba de su aita y su ama, pueda llegar a provocar un daño tan tremendo a los que más le quieren. Para los expertos, no hay una causa única que determine que un hijo se convierta en alguien agresivo, en un maltratador, pero sí que existen factores de riesgo. En este sentido, destacan las llamadas "malas compañías", una cierta propensión a la agresividad, con conductas coléricas, relacionadas con la irritabilidad y el incipiente consumo de alcohol o drogas como ingredientes para un cóctel explosivo que puede dinamitar la convivencia en el hogar. A estos factores cabe también sumar la falta de autoridad como una de las claves a tener en cuenta para llegar a explicar este drama que golpea a muchas familias vascas.

El padre 'colega'

El director del Centro de Intervención Euskarri subraya que aunque la violencia filio-parental, también conocida como ascendente, es un "problema familiar", sus causas hay que buscarlas en un concepto global, con una incidencia sobre todo en los países más desarrollados. "En España se da con especial intensidad, de hecho estamos liderando, aunque no sea un liderazgo en absoluto positivo, la atención a este problema", desvela el especialista. "El concepto de familia y del cambio hacia una sociedad democrática, en la que se confunde democracia con falta de autoridad. Y eso es un error. En una familia, aunque todos puedan dar sus opiniones, las decisiones las tienen que tomar los padres, es lo sano. Pero a veces se instala una cierta confusión, y hay una pérdida de autoridad", abunda el experto.

"Los padres se han aliado con sus hijos frente a los profesores y eso provoca una falta de autoridad", asegura el experto
"Es la propia sociedad la que favorece este tipo de comportamientos, por ejemplo, en el caso de la escuela, donde los padres se alían con los hijos frente a los profesores", añade Pereira. "Las relaciones con los padres también han cambiado mucho. Hay padres que buscan ser amigos de sus hijos. Y cuando un padre se hace amigo de su hijo, le deja huérfano, porque no se puede ejercer una autoridad en una relación más horizontal como es la amistad", añade. "Por otra parte, estamos en una sociedad que bombardea a los adolescentes y los niños con contenidos violentos en los medios audiovisual y al mismo tiempo se limita la corrección física a esos mismos niños, lo cual resulta contradictorio", añade.

-¿Está justificando los castigos físicos a los niños?

De ninguna manera. Es un delito actualmente y no se puede hacer. Pero sí es importante señalar cómo la propia sociedad debilita la autoridad de los padres, mientras que favorece la autonomía de los niños.

Programas de telerrealidad, en los que este tipo de dramas se convierten en objeto de entretenimiento con el filtro guionizado del falso documental, han instalado la percepción de que aquellos chavales que ejercen violencia contra sus propios padres viven en entornos difíciles, rayanos en la marginalidad. Nada más lejos de la realidad. Para los especialistas, esta realidad al igual que no entiende de edades. -"Aunque con mayor incidencia en adolescentes, también se da en niños muy pequeños", señalan-, también traspasa los diferentes estratos sociales. "Se ha llegado a decir que la incidencia es mayor en las familias más acomodadas, aunque no hay datos fiables que refuercen esta idea", apunta Pereira, que pone como ejemplo el estudio realizado por el Deusto Stress Research, de la Universidad de Deusto, en el que se encuestó a más de 2.000 alumnos y a 80 padres durante cuatro años. "Eran adolescentes normales, escolarizados, no eran parte de una muestra de psicopatología", destaca. Entonces, los resultados fueron demoledores. El 92,7% de los jóvenes reconoció haber insultado en alguna ocasión a sus padres. El 3,2% llegó a sincerarse, descubriendo una realidad más terrible: había pegado a sus padres en más de una ocasión.

Para que casos como el de una joven, que impidió durante años que su padre y su madre hicieran vida normal conjunta, hasta el punto de negarse a que ambos vieran juntos la televisión juntos, como dramático preludio a un rosario de insultos, amenazas y agresiones, no acaben en ese dramático instante de la denuncia, el director de Euskarri insiste en la necesidad de no esconder el problema bajo la alfombra da le vergüenza. Muchos padres asumen que han fallado, que no lo han hecho bien. Que son culpables. Pero para el experto, la solución del problema pasa por el trabajo psicológico. "Es posible que con el paso del tiempo, se pueden relacionar, puedan seguir conviviendo sin que se den situaciones violentas", asegura Pereira. Y es que el vínculo entre unos padres y un hijo no se puede romper. Aunque duela.

 

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